11.7.06
De Penalty cierra por vacaciones
30.6.06
Otra visión de lo que rodea al mundial
17.6.06
Dos rondos, dos goles...
Argentina-Serbia y Montenegro: Gol de Cambiasso
Liverpool-F.C.Barcelona: Gol de Overmars.
16.6.06
Argentina ha vuelto (si es que se fue alguna vez).
Por otro lado, los amigos de ValeChumbar.com publicaron hace unos días algunos de los anuncios que emite la televisión aregentina dando apoyo a su selección. Uno de ellos, titulado "Por los que no llegamos", es especialmente bueno. Os lo cuelgo aquí mientras sigo aturdido por la exhibición de la albiceleste y el 6-0 a Serbia y Montenegro.
El resto de anuncios podéis verlos en este enlace.
14.6.06
Llegó la hora
Debo reconocer que la última vez que disfruté con la selección española de fútbol fue en el mundial de México, en 1986. De las fases finales de Italia´90 y Francia´98, mejor ni acordarse y de Estados Unidos, aunque se dio una mejor imagen, ocurrió lo de siempre. En la época de Clemente, las fases de clasificación se hacían largas, interminables e insufribles. Una vez en el campeonato, se empezaba mal pero, curiosamente, el equipo era eliminado cuando mejor jugaba. Después del chasco de Corea y Japón, llega la etapa de Luis Aragonés. No sé qué esperar del equipo, excepto que deseo que juegue mejor y no meta tanto la pata como el seleccionador cada vez que abre la boca. Se ha renovado y rejuvenecido el bloque, pero quizás -y lo digo antes de saber qué ocurrirá en Alemania- habría que hacer lo mismo con el entrenador y poner, parafraseando a Florentino Pérez, a alguien con un "librillo más moderno". Veremos que pasa hoy frente a Shevchenko y los suyos.11.6.06
Los partidos de La Sexta, sin audio.
Pero lo más lamentable de ayer no fue la transmisión de ese trío del Suecia - Trinidad y Tobago, sino los comentarios impresentables del Loco Gatti en el Argentina - Costa de Marfil, refiriéndose en repetidas ocasiones a los marfileños como "los africanitos". Pero, ¿qué se cree este tipo? ¿qué méritos ha hecho para comentar un partido? ¿escribir como un fanático en As?
Para que no todo sean críticas, las transmisiones de La Sexta en las que aparece Albert Ferrer con un narrador (lamento no conocer su nombre, porque no lo hace mal) pueden verse -y escucharse- sin mayores problemas.
Entre la sobriedad (y el soserío) de José Ángel de la Casa, las chorradas de Andrés Montes y la ortodoxia de Carlos Martínez, me quedo con este último y con los atinados comentarios de Maradona en Cuatro. O con las transmisiones de Canal+, que sigue en su línea de volcarse con el fútbol.
Para quienes sufrieron al Loco Gatti en La Sexta, os pongo un vídeo gentileza de valechumbar.com con los goles de ese mismo partido con narración argentina.
8.6.06
Llega el Mundial (1ª parte)
El mundial de España´82 es uno de los que recuerdo de forma más clara. Y fue, sin duda, uno de los campeonatos con más contrastes que he podido ver por televisión. España hizo el ridículo -para variar- pese a las ayudas que FIFA y sus árbitros (el penalty fuera del área contra Yugoslavia sólo es comparable al de Boniek en la triste final de Heysel) y dijo adiós en la segunda fase tras caer en el mismo grupo que Alemania (entonces República Federal) e Inglaterra. Pero, sobre todo, fue el mundial del árbitro español Lamo Castillo perjudicando a la URSS y prácticamente echándola del torneo, el del Brasil-Italia (uno de los mejores partidos que he visto), el de la elegante y naciente Francia, el de Sócrates, Falcao, Eder, Rossi, Boniek, Platini, Rocheteau, Tigana, Giresse, el de N´Kono y Milla, el del fallecido Gaetano Scirea (uno de los mejores centrales-líberos que ha dado el fútbol), el del grito de Tardelli tras marcar en la final, el de los saltos del presidente Pertini, el de la brutal agresión de Schumacher a Patrick Battiston, el del jeque Kuwaití saltando al césped de Zorrilla... Y también, no conviene olvidarlo, el de Naranjito y Sport Billy. 30.5.06
¿Casualidad o plagio vergonzoso?
Portada de Marca de hoy, martes 30 de mayo de 2006.
El Post de Tikitaka
La portada de Marca
27.5.06
Mi final de París (3ª y última parte)
ingleses con carteles solicitando entradas, sino que el número de culés empleando la misma técnica seguía subiendo.Las seis y media. Decidí dar una vuelta a todo el perímetro del estadio para ver si se abría alguna otra posibilidad que la de soltar 3.000 euros por un ticket. No había forma. Camino a la entrada de personal acreditado y medios de comunicación, me encontré con ¿insignes? barcelonistas que, dichosos y felices, iban a ver el partido. Al pasar junto a algunos de ellos (un ex-director del más veterano periódico de información general de Barcelona formaba parte del grupo, así como otros tertulianos, por llamarles de un modo suave), quise hacer un chiste: “No les sobrará una entrada, ¿verdad?”. La mirada que recibí me recordó a aquel anuncio de atún en el cual alguien contestaba al sabroso pescado: “¿pero tú tienes estudios, piltrafilla?”. En ese momento me acordé del sorteo, de las colas del RACC (que yo no hice, pero que seguro que esos ¿VIPS? tampoco), del lío de los “compromisos institucionales”, de los despreciables afortunados en el sorteo que vendían su ticket por mil o mil y pico euros... Sabía que encontrar una entrada en París iba a ser poco menos que misión imposible, pero no pude evitar desanimarme.
Una vez me convencí de que no podría ver el partido en vivo, me di cuenta de que tenía que buscar un lugar para verlo plácida (si es que eso es posible en una final) y cómodamente por televisión. Eran las 19:15 y tenía cerca de una hora y media para buscar emplazamiento. La primera idea fue quedarme en los bares que había junto al estadio, pero estaban llenos de ingleses “rellenos” de cerveza y no tenía ganas de compartir con ellos una experiencia así. Volví hacia la estación y enfilé de nuevo el camino hacia el centro de París. Bajé del tren en la parada de Saint Michel-Nôtre Dame y llegué al barrio latino, una zona en la que recordaba, de anteriores viajes, cierta animación, un buen número de restaurantes y diversos locales nocturnos. Comencé a caminar por sus calles y al pasar por delante de un restaurante griego llamado “Le Meteora”, me llamó la atención un tipo que se dedicaba a romper platos en la puerta para atraer clientes. “Curioso método”, pensé. El tipo me vio mirarle y me señaló un folio que ponía “Ce soir, FC Barcelone-Arsenal FC sur TF1” para, acto seguido, hacer lo propio con un enorme televisor de plasma que había al fondo de la sala. Aún no eran las ocho y a esa hora, al menos para un tipo ibérico como yo, aún era muy pronto para cenar. De todos modos, entré y pedí una cerveza.
Llevaba algún tiempo allí mirando la previa del partido cuando comenzó a sonar una base rítmica que procedía de una especie de teclado. A su lado, dos músicos armados (que no provistos) de sendas guitarras, empezaron a tocar las melodías griegas más largas e inacabables que he escuchado nunca. Y un súbito dolor de cabeza me asaltó. Intenté hacer oídos sordos y diez minutos antes de empezar la final pedí la cena: para empezar, calamares rellenos; de segundo, la “brochette du patron”. El local no tenía pretensiones, la comida era buena y el televisor tenía, al menos, 46 pulgadas. Sin embargo, en cuanto llegó el primer plato me arrepentí: la dosis de comida era enorme. El camarero -que llevaba un pin del Barça que le había dado, según él, Henk Ten Cate- me dijo que no me preocupara, que tenía casi dos horas para acabar con ella. Pedí otra cerveza (marca Marathon, no podía ser otra) y comenzó el partido.
Justo entonces entraron 3 ingleses que se colocaron en la mesa contigua a la mía. Como yo no tenía sonido ambiente, grité como un energúmeno el gol anulado a Giuly para, instantes después, sentirme un poco imbécil. Gol de Campbell. Los ingleses dicen un simple “Yes” y aplauden un par de veces. Los griegos siguen tocando y yo siento que mi cabeza va a estallar. Pido una aspirina pero mi camarero me dice que no tiene y que tranquilo, que ganaremos. Llega el descanso y, a falta de aspirina, pido la tercera cerveza mientras intento acabar con la brocheta del jodido patrón. Comienza la segunda parte, el sirtaki (o lo que tocaran aquellos señores) no hacía más que incitarme a consumir cerveza. Cuando estoy a punto de acabar con la cuarta Marathon, marca Eto’o. El camarero viene, me estrecha la mano y, sin pedirla, me trae otra cerveza. Empiezo a preocuparme pero me digo: “¡Qué demonios! Si hoy no tengo que conducir...”. Le doy el primer trago y llega el gol de Belletti. A partir de ahí, contemplo el rondo del Barça en los últimos diez minutos y la música griega empieza a no desagradarme. Acaba el partido y charlo con los ingleses (de hecho, eran irlandeses de Belfast) sobre el partido, me felicitan, les consuelo diciéndoles que tienen un equipo muy joven y con futuro y pido la cuenta al camarero. El tipo debía ser culé, porque sólo me cobró tres de las cinco cervezas que bebí. Pagué (48 euros, por si a alguien le interesa, mucho menos que los indecentes 3.000 de un trozo de papel para el Stade de France) y me fui caminando, feliz y algo eufórico -y no por la victoria- por la orilla del Sena hacia la Torre Eiffel, donde encontré cientos de culés que, como yo, se habían conformado con ver la final por televisión.
Mientras andaba, la noche parisina era más bien silenciosa. Un silencio sólo roto por el sonido de los coches matriculados en España que tocaban el claxon al ver mi camiseta y por los escuetos “Congratulations” que recibía de los supporters ingleses que se cruzaban en mi camino. Sin embargo, en mi cabeza, aún dolorida, había otro sonido redoblando: el de la música griega, quien sabe si una señal de que dentro de un año pueda ser Atenas la ciudad que contemple mi deambular por sus calles. Eso sí: esta vez procuraré llevar entrada.
23.5.06
Mi final de París (2ª parte)
Seguí caminando y me detuve en un puesto de perritos calientes (¡oh, la cuisine française et sa grandeur!) en el que había varios seguidores culés hablando sobre la posibilidad de encontrar una entrada. Pedí un bocadillo y una cerveza y me uní a la conversación. Eran cuatro aficionados de Castellón, de los que uno tenía entrada adquirida en el RACC (¡esa gente existe!) y los otros tres, como yo, habían llegado a París sin entrada. Me dijeron que habían localizado un par de reventas y que les ofrecían una entrada por 3.000 euros o dos por 5.000. Ahí vi claro que no iba a poder entrar al campo. Mis colegas de almuerzo me explicaron que tenían previsto pasar el día allí y volver a pedir precio al reventa una vez que empezara el partido. “Cuando haya comenzado la final, le diremos que le ofrecemos 200 por entrada; si los quiere, perfecto. Si no, que se las coma”. Muy optimistas les vi, pero quedé con ellos en que por la tarde volvería para ver si progresaban o no. Era alrededor de la una del mediodía y, pese a que el ambiente y la convivencia entre las dos aficiones era magnífico, me di la vuelta y volví a París a dar un paseo, a hacer alguna compra (aún recuerdo la cara de estupefacción del dependiente de una de esas tiendas de alta alcurnia cuando me vio entrar en el establecimiento disfrazado con bufanda, camiseta, tejanos, bambas y cara de haber dormido poco) y a sentarme a descansar bajo el sol parisino. Sobre las cinco de la tarde, regresé al Stade de France.
21.5.06
Mi final de París (1ª parte)
El viaje transcurrió bien mientras hubo luz diurna, pero cuando se hizo la noche los kilómetros parecían tener más de mil metros. Finalmente, a eso de las cuatro de la madrugada,
estacionaba el coche en una solitaria calle de Montmartre, a escasos metros del Moulin Rouge y de la plaza Pigalle. Recliné el asiento e intenté echar una cabezadita. El intento duró apenas dos horas, porque fue entonces cuando empecé a percibir el ambiente de final europea. O, mejor dicho, a darme cuenta de que en esa final europea había un equipo inglés, puesto que a las seis de la mañana había algún supporter pasado de alcohol que iba profiriendo gritos por la calle. Me levanté, desayuné (café au lait et croissant, naturellement) y conduje hasta el Stade de France. A esa hora ya estaban cortados los accesos al campo, por lo que decidí desandar el camino y abandonar el coche en un parking de la Escuela Militar, al pie de los Champs de Mars y muy cerca de la Torre Eiffel. A partir de ese momento, sólo iba a moverme a pie o en metro.Sobre las ocho de la mañana empezaron a aparecer muchos de los seguidores del Barça que habían viajado con el RACC y que se concentraron bajo la torre, convirtiéndola en el verdadero punto de encuentro de los culés. Justo al otro lado del río, frente al palacio de Chaillot, la UEFA había montado una especie de feria con un campo de fútbol-7, stands de sus patrocinadores y una fantástica pantalla gigante donde quienes no teníamos entrada presumíamos que podríamos ver la final. Me acerqué allí y pregunté a un miembro de la organización si iban a transmitir el partido. No sólo me dijo que no, sino que debía estar tan harto de responder la misma pregunta que decidió hacer público a través de la megafonía que no iba a haber partido en aquella pantalla (¡y no me toquen más las narices!, le faltó decir).
Ante ese panorama, tenía dos opciones: intentar encontrar una entrada o localizar un lugar donde ver el partido sin demasiados problemas. Para lo primero, no podía perder demasiado tiempo; lo segundo, en cambio, no debería suponer problema alguno. Así que inicié la búsqueda...
11.5.06
Pues van apareciendo las caravanas...
5.5.06
¿Dónde están las caravanas a la final que organizan los medios de comunicación?
4.5.06
El campeón más justo
Nadie a quien le guste el fútbol puede poner en duda la justicia del triunfo azulgrana, que se ha producido a falta de tres jornadas para el final. Gustará más o menos el resultado de la competición, pero si hay un año en el que puede decirse que “la Liga siempre la gana el mejor”, es éste.
Y, ya que estamos de fiesta, cuelgo un vídeo de un programa de Cuatro en el que se hace una curiosa lectura de la letra del himno de la Champions League.
27.4.06
Las distintas finales del Barça
La de París será la quinta final de la Copa de Europa a la que llega el Barça. He podido ver por televisión las tres últimas y cada una de ellas me dejó un sabor de boca muy distinto. Sevilla vio cómo la ilusión por conquistar el que pudo ser nuestro primer título del máximo trofeo continental se convertía en la mayor frustración imaginable, sobre todo después de haber ganado dos Recopas hacía pocos años. Recuerdo a Urruti -el héroe de la liga anterior que con su fallecimiento se convirtió en mito blaugrana- deteniendo los dos primeros penaltis lanzados por el Steaua de Bucarest y paliando el temor que habían supuesto los dos primeros errores de los jugadores azulgrana. Recuerdo, sobre todo, la aparición de un tal Dukadam que hizo el partido de su vida y después desapareció del panorama futbolístico. Recuerdo las caras de los cerca de 40.000 culés que viajaron a la capital andaluza y volvieron hundidos y aún incrédulos.
Seis años después, el Barça llegaba a Wembley para jugar la final con la Sampdoria, el campeón italiano (pese a lo que insisten en decir quienes se empeñan en minusvalorar aquel título). Llegaba haciendo el mejor fútbol de Europa y, pese a que no fue su mejor encuentro, ganó. Fue un partido de ida y vuelta del cual aún tengo la imagen grabada de Atilio Lombardo, aquel jugador calvo de la Samp, corriendo arriba y abajo durante 120 minutos como si le hubieran dado cuerda infinita. Recuerdo también las escapadas de Vialli ante Zubizarreta, la jugada imposible de Julio Salinas, las paradas de Pagliuca, las ocasiones de Stoichkov, el uniforme naranja y, por supuesto, el zapatazo enorme de Koeman en el minuto 111 que acabó con gran parte del complejo culé y ayudó a consolidar una filosofía de juego que, aun con lógicos cambios, todavía perdura.
En 1994 el Milán de Capello se cruzó en el camino del Barça de Cruyff. Había puestas grandes esperanzas en aquel partido, pero los italianos fueron una apisonadora. Desde el primer momento vi que no había nada que hacer y tuve que resignarme, sentado en el sofá de casa, a contemplar el repaso que nos dieron y a ver caer, uno tras otro, cuatro goles en la portería de Zubi. ¿Qué imagen me quedó? La de Marcel Desailly, que aquel día fue lo más parecido a un frontón, a una pared infranqueable.
El 17 de mayo tenemos otra oportunidad. De los cuatro equipos que he visto (1986, 1992, 1994 y 2006), el de hoy es el que me ofrece mayores garantías. Juega muy bien cuando quiere y tiene una madurez que siempre le ha faltado a este club. Dice el tópico que una final es algo distinto y que lo que se ha hecho hasta entonces puede no contar para nada. Es posible, pero creo que si el Barça es capaz de vencer al Arsenal en París habrá puesto la primera piedra para dominar el panorama europeo durante un par o tres de años más. Dentro de veinte días saldremos de dudas y espero, por una vez, no tener que verlo por televisión.
24.4.06
Encuesta: Con lo de la lluvia en Sevilla y la alineación del Villarreal, ¿se ha adulterado la Liga?
20.4.06
Semifinales: escenas después de la batalla (1ª parte)
muy cerca. Como se ha escrito profusamente en otros blogs, el partido de San Siro tuvo dos partes muy claras. La primera, muy táctica y tensa; la segunda, de claro dominio azulgrana. Cualquiera pudo ganar y lo hizo quien, pese a las oportunidades del Milan, jugó mejor. Ganó, creo, quien lo mereció. Quedan 90 minutos que serán largos, pero preveo un partido como el Barça-Chelsea del Camp Nou en la vuelta de octavos de final. Control, toque y cambio de ritmo cuando sea preciso. No es fácil, pero sí muy posible llegar a París.
La entrada en la segunda parte de Josico ayudó a descongestionar el centro del campo del Villarreal, pero ni así se creó apenas peligro.17.4.06
Los desplazamientos de Champions del socio del Barça
Hoy leo en Sport que el club ha devuelto al Milan 1.861 entradas que no ha podido vender y eso que se habían pedido tantas por parte de los socios (6.011 peticiones) que se tuvo que hacer un sorteo ante notario. De hecho, el primer día que se abrieron las taquillas a los socios agraciados en el sorteo, éstos retiraron sólo 785 de las 2.200 disponibles. El club estuvo rápido de reflejos (hay que reconocerlo) y el sábado y el domingo dejó que quien quisiera, socio o no, comprara entradas para el partido de San Siro. ¿Resultado? 1.861 tickets que vuelven a Milán y que se pondrán a la venta en Milán hoy y mañana.
Sé que los vuelos a Milán no son baratos, como tampoco lo fueron a Lisboa, pero me parece lamentable que los socios creen una demanda tan alta que haya que recurrir al sorteo y luego den la espalda al equipo. Eso sí, luego siempre habrá quien llame muy indignado a la radio denunciando presuntos chanchullos del club con las entradas o quien aproveche para seguir destilando hiel hacia todo lo que suene a directiva del Barça. Es posible que en otras ocasiones hayan pecado de escasa transparencia (entradas del Chelsea, por ejemplo), pero en este caso hay que reconocerle que han actuado bien y que quien ha fallado hemos sido los socios.
10.4.06
La oportunidad (o el oportunismo) de Sandro Rosell
Sé que el 23 de abril es el día de Sant Jordi (fecha dedicada al libro por excelencia) y que es posible que haya sido la editorial quien, desde una perspectiva meramente económica, haya programado la presentación de esta especie de memorias, pero creo que el tirón del personaje hubiera garantizado el éxito de igual modo si se retrasado o avanzado un par de semanas en el tiempo. Conociendo cómo las gasta la prensa deportiva (la barcelonesa y la madrileña) y la guerra de medios entre Sport y Mundo Deportivo, me veo venir que se va a hablar más de lo que cuenta Rosell en el libro que de la eliminatoria Barça-Milán (la ida es el 18 de abril y la vuelta, el 26). Sin duda, el libro será interesante y dará para muchos más comentarios, pero tal vez el protagonista debería plantearse si el título que -dicen- había pensado para el libro (Cuando ganan los malos) no se le podría aplicar a él en este caso. Triste costumbre la que tenemos los culés de canibalizarnos entre nosotros mismos, incluso cuando el equipo funciona bien.
