
Sin embargo, el ruido mediático de los últimos días en torno a la figura de Frank Rijkaard ha podido conmigo.
La gota que colmó el vaso fue escuchar ayer en alguna emisora de radio, después del Barça-Olympique, que el entrenador había reaccionado gracias a la presión del entorno. ¡Gracias, amigos de Sport y Mundo Deportivo! ¡Qué infelices seríamos sin vuestro equilibrado sentido del barcelonismo, capaz de embestir cual Miura a todo lo que se os ponga por delante!
Después de tan merecidos agradecimientos, me pregunto: ¿A qué entorno debo adorar?
¿Al que secunda sin pensárselo la campaña contra el entrenador que está llevando a cabo Sport con su 'respetado' Miguel Rico a la cabeza?
¿Al que consigue, a base de argumentos oportunistas y peregrinos, que la afición del Camp Nou silbe, como hizo anoche, a Ronaldinho?
¿A esa prensa que, sin ningún tipo de rubor ni de vergüenza, no se da por aludida cuando Rijkaard pide unidad y cree que las palabras del técnico se dirigen solamente a la directiva? ¿A esa que tira la piedra y esconde la mano?
¿A esos periódicos que, tras acuñar el término, reclamaban hace menos de un mes que jugaran juntos los "4 fantásticos" y ahora pretenden destrozarlo todo?
¿A ese juntaletras -y a veces ni eso- de Carazo cuyo dominio de la gramática es casi tan alto como sus conocimientos de fútbol?
¿A esa prensa que interpreta la lesión de Eto'o como "un problema menos para Rijkaard"?
¿A Carlos Pérez de Rozas (¡qué lástima de familia con el prestigio que tenía dentro de la profesión!), que pedía jugar con Ronaldinho, Messi, Giovani y Bojan ante el OL, como si el rival fuera mi adorado Poble Sec?
Bochorno
Ayer me avergoncé de gran parte de los culés que, como yo, estuvieron en Camp Nou. Me causó verdadero bochorno, vergüenza ajena, oír cómo pitaron al que, cuando está en forma (ahora no lo está, es cierto), es el mejor jugador del mundo. Porque ayer se silbó a Ronaldinho no por quedarse quieto, no moverse o pasar de todo, sino por intentar regatear varias veces a su oponente y fallar. ¿Que no puede? Es cierto, pero lo intenta y soy de los que piensa que va a recuperarse. Sin embargo, en el estadio hay una doble vara de medir: pese a su gran partido, Messi perdió ayer tantos balones como Ronnie y sólo escuchó vítores y alabanzas.
El futuro de Rijkaard
Soy de los que piensa que Rijkaard es el entrenador idóneo para el Barça, aunque ahora esté de moda pensar -y decir- todo lo contrario. Pero incluso en el caso de creer que no lo fuera, no es ahora el momento de pedir su cabeza. Si la destitución era el paso correcto, éste tenía que haberse dado hecho al finalizar la temporada anterior. Ahora es tarde (afortunadamente, creo) y habrá que dejar este tipo de decisiones hasta que todo acabe, allá por el mes de junio. Para mí, Frank Rijkaard sigue teniendo crédito.
Por una vez, suscribo las palabras de ayer de Xavier Bosch en Mundo Deportivo:
"A pesar del estribillo cansino que tanto interesa fomentar en Madrid (y en Barcelona, añado yo) de que Frank está en la cuerda floja, Laporta no cometerá el error de cesar a Rijkaard a mitad de temporada. Los jugadores son muy buenos, a poco que los mejor pagados cojan la forma (y que Messi no se constipe), el Barça estará arriba en la Liga y pasando fases en Europa. Es decir, sin motivo justificado para tantos nervios y tanto hacerle tambalear la silla. No lo duden: Frank se quedará, como mínimo, hasta final de temporada".
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